“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 15 de octubre de 2010

¡Qué cosas tiene el señorito!

No me voy a poner a defender a Alfonso Guerra. Entre otros motivos porque no es un político ejemplar. En lugar de haber dejado la política y dedicarse a escribir sus libros, a gestionar su librería de Sevilla o a conformarse con presidir la fundación Pablo Iglesias, este hombre se ha apoltronado en el Congreso y de ahí no se va ni con rasqueta. Y se las ha apañado para que su hijo, al que llamaban Pincho, al igual que la ex mujer de Felipe González o la mujer del comisario Almunia, esté currando en la UE, en un puesto bien remunerado. No sé si a eso se le puede llamar nepotismo. Tal vez sea que al igual que se hereda una casa o el mantón de la abuela, también se heredan las colocaciones en los organismos públicos. Y que no se escandalicen los del PP, porque Vidal-Quadras y otros de su partido, también tienen a la parentela repartida por las instituciones.

Pero de lo que no se puede acusar al señor Guerra es de ser un ingenuo. Es uno de los parlamentarios más graciosos, ocurrentes e inteligentes. Llamar señorita Trinidad a la ministra Trinidad Jiménez no ha sido ni un ramalazo machista, ni una chochez de una persona senil. Creo que tanto las ministras como las organizaciones feministas que se han rebotado por las palabras del señor Guerra se han equivocado. Lo que pretendía Guerra era otra cosa, que nada tiene que ver con el machismo o el desprecio por tratarse de una mujer. Quería decir lo mismo que muchos socialistas han dicho del ex ministro y actual dirigente del PP, Javier Arenas, al que se han hartado en llamar señorito andaluz. El mismo sentido que en la película Los santos inocentes, Alfredo Landa, representando a un pobre jornalero, llamaba señorito Iván al cabronazo hijo de la marquesa, papel magistralmente interpretado por el gran actor Juan Diego. Y ya que hablamos de cine, los de mi edad recordarán a aquella actriz con voz de pito, Gracita Morales, que interpretó muchos papeles de criada y de quien, entre muchas de sus frases graciosas, yo recuerdo aquella de ¡ay, qué cosas tiene el señorito! Por mucho que les pese a las ministras y a las feministas, doña Trinidad Jiménez se ha labrado ella misma, con sus chupas de cuero incluidas, una imagen de pija. Como Ricardo Costa, o sea. Y eso, en mi opinión, nada tiene que ver con el machismo.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 15/10/2010

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