“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

sábado, 24 de julio de 2010

La equis

Hace unos días, Monseñor Algora, obispo de Ciudad Real, responsable en la Conferencia Episcopal de recaudar viruta para la causa, y anteriormente obispo de Teruel, presentó la campaña para pedir a los ciudadanos que pongan una equis en la declaración de la renta. Los curas, como les ha hecho la boca un fraile, no se cortan a la hora de mendigar. Entre los argumentos que utilizan para que se nos ablande el corazón y soltemos la mosca, esgrimen los siguientes: “es para que usted y yo podamos bautizar a nuestros hijos, para que usted y yo podamos acercarnos a la Iglesia, para que uno pueda vivir la fe”. Y lo de para ayudar a los pobres, tampoco ha faltado. Como a monseñor Algora le han preguntado hasta cuatro veces sobre los escándalos de pederastia y de abusos sexuales y no ha contestado, lo haré yo con dos noticias que han aparecido en los diarios. La primera nos informa de que Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, fundó una orden femenina ilegal con 900 jóvenes esclavas. Por falta de espacio, les ahorraré las aberraciones de este cura y de sus secuaces. Pero sí quiero dejar constancia de que la Iglesia ha tardado 50 años en reconocer los hechos. La otra noticia nos desvela que, según dos informes (el Informe Ryan y el Informe Murphy), durante 70 años, centenares de niños de Irlanda sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes de ese país. La Iglesia, en esos casos y en otros muchos, no sólo es responsable de que sus miembros cometan estas atrocidades, sino también de su ocultación durante décadas. Y eso es mala fe. Así que cuando apelen a tu buena fe para llenarles las arcas, piensa en algunas de las “obras sociales” a las que va destinado tu dinero. Sé que mis palabras las leerán cuatro gatos y que frente al aparato de propaganda de la Iglesia, a sus vallas publicitarias y a sus sermones, no tendrán apenas repercusión. Si una sola persona que lee esto decide no poner la equis, me doy por satisfecho. Será mi pequeña contribución a una causa justa. Y si consigo que otro lector tarde 70 años en decidirse a contribuir al mantenimiento de la Iglesia, lo consideraré un éxito total.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado

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