Miguel Ferrer: "Para que las cosas salgan adelante, a veces hay que bordear la legalidad". Entrevista al Heraldo de Aragón. Domingo, 14 de junio. “Bordear: Ir por el borde, o cerca del borde u orilla de algo. Rozar lo moralmente reprobable”. Lo dice el diccionario. Ahí lo tienen, al alcalde, diciendo que a veces hay que andar sobre el alambre, en la frontera que separa la mierda de la decencia. Lo legal de lo ilegal. Fino hilo, delgada película, sutil velo. Tan delicado es todo que en miles de ocasiones en nuestra democracia, nuestros mandatarios han caído en el lado equivocado. En el lado salvaje. Caminaban por la cuerda floja y buscando el bien de todos sólo consiguieron el bien propio. La diferencia es leve, tenue, apenas unos milímetros. Si se yerra un poco, casi nada, la puntica solamente, el dinero en lugar de acabar en las arcas municipales, va a parar a la caja fuerte o al colchón del político corrupto.
Las democracias frágiles como la nuestra, con la mandíbula de cristal, son así. No son de Duralex- dura lex, sed lex- sino de cristal fino, que se puede hacer añicos con el aleteo de una mariposa, el pedico de una novicia, el balido débil de un corderico. Necesitamos a personas con manos delicadas como las que cortan un rosa, masajistas orientales con dedos tan suaves que con un simple roce, te elevan al séptimo cielo, microcirujanos con experiencia y pulso firme, doctos exégetas. No es fácil distinguir entre lo que es un desarrollo urbanístico equilibrado, sostenible, respetuoso con el medio, racional, y la especulación salvaje. Es evidente que los simples ciudadanos, que no tenemos el ojo adiestrado para percibir la diferencia, vemos monstruosidades donde solamente hay una sutil y simple situación de bordear la legalidad. Benidorm, Marbella, La Muela. Únicamente los mejores están capacitados para poder distinguir. La política es como ese juego erótico que empieza por seis y termina en nueve, en el que si no se está muy atento, como te vayas de la lengua por unos milímetros, acabas en la mierda. Las fronteras, las rayas, el borde. Los bordes. El peligro. Territorio comanche.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
Las democracias frágiles como la nuestra, con la mandíbula de cristal, son así. No son de Duralex- dura lex, sed lex- sino de cristal fino, que se puede hacer añicos con el aleteo de una mariposa, el pedico de una novicia, el balido débil de un corderico. Necesitamos a personas con manos delicadas como las que cortan un rosa, masajistas orientales con dedos tan suaves que con un simple roce, te elevan al séptimo cielo, microcirujanos con experiencia y pulso firme, doctos exégetas. No es fácil distinguir entre lo que es un desarrollo urbanístico equilibrado, sostenible, respetuoso con el medio, racional, y la especulación salvaje. Es evidente que los simples ciudadanos, que no tenemos el ojo adiestrado para percibir la diferencia, vemos monstruosidades donde solamente hay una sutil y simple situación de bordear la legalidad. Benidorm, Marbella, La Muela. Únicamente los mejores están capacitados para poder distinguir. La política es como ese juego erótico que empieza por seis y termina en nueve, en el que si no se está muy atento, como te vayas de la lengua por unos milímetros, acabas en la mierda. Las fronteras, las rayas, el borde. Los bordes. El peligro. Territorio comanche.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 5/7/2009
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada